17 de noviembre de 2007

TOROS COMO ISABEL LA CATÓLICA, TOREROS COMO SÁNCHEZ FERLOSIO


"... a la pregunta sobre sus previsiones y sus puntos de vista en cuanto a la forma política concreta que iba a darse al apoyo y la participación de la nobleza en las graves responsabilidades del poder, tampoco iba a necesitar más de tres palabras para dejar las cosas absolutamente claras: « ¡Ni una almena! » » (Era una hija de la gran puta, pero hay que reconocer que lo que es por falta de casta o de trapío no hay presidente que la devuelva a los corrales.)".

Así define, a Isabel la Católica, Rafael Sánchez Ferlosio. Así queremos los toros para la próxima temporada: con casta y trapío... Como Doña Isabel.




Rafael Sánchez Ferlosio es para mí el mejor lidiador de ideas que pueda uno encontrarse en nuestras plazas culturales. En cuanto la idea salta al albero blanco del folio, él sabe cuales son sus terrenos, sus querencias, su pitón bueno y su pitón malo. Él da los pases necesarios y va montando la faena. Todo a ideas cinqueñas, duras. Dominandolas y al mismo tiempo creando arte. No un mero artificio vacío, decorativo. Faenas completas hasta la estocada final para aficionados de verdad...


(El PAÍS.com ha puesto al servicio de todo el que quiera sus archivos desde la inaguración del periódico (1976). Yo he aprovechado para disfrutar de las faenas de Don Rafael, pero ustedes si quieren ponerse en plan taurino estricto, disponen de todas las crónicas de Don Joaquín Vidal, por ejemplo...)

10 comentarios:

el papa negro dijo...

"Salvado está el que está entre los salvados, o por mejor decir, el que es de los salvados.
Ya aquí, ya en este mundo, en este aborrecido guardamuebles, incluso a mitad de camino de su vida, tienen los hombres de hoy, por lo que se comenta, ya resuelto su caso, arreglado su problema, o sea, ya decidido su signo irrevocable.
(...)!Pero yo os digo que no os entregueis!.
(...)Si no , ¿para qué espada?, ¿para qué albedrío?, ¿para qué haber llevado espada toda nuestra vida, como los hombres libres, como los caballeros, sino para darle brega y darle agitacion, llegada la hora de desenvainar, y cuando quiera que tal hora suene, aunque sea vuestra propia hora postrera?"

Así dijo el gran diestro Rafael. No queda mas que batirse y tirarse sin aliviarse a volapié sobre el toro del destino, el se astifinos bielgos y certeras cornadas en la suerte suprema...
Si no, ¿para qué espada?

el papa negro dijo...

! Cambio reina cinqueña por Mangano arremangá!.
(No sé si irá contra el reglamento y algun aficionado cabal me recordará "el logo de la fiesta autentica"... Iré a la hoguera gustoso.

Anónimo dijo...

Gracias por los dos comentario Señor Papa Negro... Incuestionables...

Un saludo.

Sol y Moscas

Anónimo dijo...

¡Extraordinario su dúo dinamicamente al compás!
Hoy les salió la revista. Un saludo
Pgmacías

el papa negro dijo...

Mi señor SOLy MOSCAS: Acabo de ller una critica de Juan Bonilla sobre "Las benévolas". Bonilla me parece fiable.. Se lo mando por si quiere ahorrar dinero y esfuerzo.

El libro de la temporada
JUAN BONILLA
Leído el libro de la temporada, la pregunta que queda tintineando en el escaso fondo del vaso de mi alma es: ¿a qué genio de la publicidad se le ha ocurrido convertir esto en el libro de la temporada? O por preguntarlo a la moda del día: ¿quién es el autor intelectual de Las benévolas? Me refiero, claro, a Las benévolas de Jonathan Littell como producto editorial, como éxito asegurado, como mar de ejemplares anegando las mesas de novedades de las librerías de toda Europa. Hay que felicitar a ese autor intelectual, si existe, y al extraordinario azar o a la venturosa inercia, si son ellos los culpables de este éxito, si no han necesitado de un autor intelectual que, primero, viese en la novela de Littell un éxito seguro; segundo, potenciase sus aledaños (ya saben, primera novela, autor sobrado en sus declaraciones con un algo de Salinger que, sin embargo, se deja fotografiar en cada esquina, texto escrito en francés por un norteamericano, voz de un nazi impávido contándonos una cabalgata de horrores); tercero, consiguiese que unos cuantos intelectuales amplificasen la novela con exageraciones incomprensibles («la Guerra y Paz de nuestro Siglo»); y cuarto, arrastrase a una muchedumbre a convertir la novela de 1000 páginas en un éxito local, premio Goncourt incluido. Ya a la vuelta del verano se leía en nuestros papeles: la gran sensación de la temporada será la novela de Jonathan Littell, reserve su ejemplar en librerías.
Se publicó un pequeño adelanto con las primeras páginas de la novela: «Hermanos hombres, dejadme que os cuento cómo ocurrió», nos decía el nazi que hablaba. Qué morbo. A finales de septiembre llegaron los ejemplares de muestra para los libreros. Hablé con algunos, todos estaban fascinados por la obra. Ahora, después de leída la novela, me pregunto quién ideó tan fascinante número de hipnosis colectiva, una hipnosis que, por supuesto, concluye cuando uno se adentra en la espesura de la prosa de Littell, nada fresca, a menudo confusa, poco dotada para enganchar a nadie. Cuando han pasado 300 páginas de Las benévolas, uno empieza a sospechar que le han tomado el pelo, que va a querer ir al librero a devolver el libro, y sí, puede que le devuelvan entonces los 25 euros que cuesta, pero ¿quién le devuelve el montón de horas que le han robado?
A ver. El capítulo de entrada ya lo dice todo. Lo que vendrá después será un cansancio, un túnel de horrores y sadismo, hiperrealista, dicen, los hinchas, con mucha serenidad ante el horror, cantan los tifosi, aportando montañas de documentos exprimidos para componer una memoria que será todo lo fidedigna que quieras, pero es harto tediosa. En el capítulo de entrada, con pose chulesca, el narrador viene a contar su iniciación en la empresa del terror nazi, dice que hubiera preferido ser otra cosa, pianista o escritor, pero que, lamentablemente, él no eligió lo que iba a ser. Y termina su serenata con el consabido «soy como vosotros», que tanto pone a los que defienden que los nazis eran gente normal que sufrió un desvarío por cosa de las circunstancias -el Tratado de Versalles, el paro, la inflación-. Es decir, acerca de los que están dispuestos a oírlo todo con tal de encontrar una causa (acerca de esto, véase el espléndido capítulo dedicado a las causas en el libro sobre el terrorismo recién publicado por Arcadi Espada). Los que quieren comprender al monstruo. Y se derriten encantados cuando el monstruo les dice, sin aflicción, claro, como le corresponde: «Soy como tú». Eso quiere decir que en nosotros habita un monstruo y lo tenemos controlado: debemos estar orgullosos de eso, al menos, y dar las gracias al monstruo que nos dice que en el fondo él es como nosotros. Fíjate lo que te cuenta la novela: ya puedes dar por bien empleados los 25 euros.
Aparte de eso, Las benévolas, tachonada de macabras escenas, de detalles escabrosos -el narrador entra a formar parte de la Wehrmacht con el culo lleno de semen arrojado a sus entrañas por un desconocido en un parque- se obstina en hacer de la minuciosidad una virtud. Y si quería con esa minuciosidad en el recuento de horrores, ir quitando importancia a las humillaciones pequeñas, a las depravaciones personales, no lo consigue. Al final lo que queda es una sensación de fatiga y de vengativa indiferencia.

Anónimo dijo...

¿Alvero o albero?

sol y moscas dijo...

Buffff... Al final pase de él, cuestion de prioridades Señor Papa Negro, pero gracias por preocuparse por mí... Lo que me he ahorrado (en todos los sentidos)...

Un saludo y perdonenme las faltas de ortografía... Alguna imperdonable...

Anónimo dijo...

Si alguien más está interesado en la obra de Sánchez Ferlosio puede asomarse a www.lageometríadelaire.blogspot.com

Anónimo dijo...

Con esa atemporalidad que permite internet escribo este comentario de agradecimiento. Por la entrada en sí, muy sugerente y, de forma especial por el extracto entrecomillado del primer coemntario firmado por "el papa negro".
Ya aquí, y salvando la distancia con los salvados, (todos lo estamos de antemano),nada como el albedrío y la espada noble del espíritu. Nada que nos separe del sueño sea la hora que sea.
Sin su permiso reproducire en mi blog,el fragmento tan brillantemente seleccionado .
1saludo
PD. Con todos los respetos he de decir, puesto que veo que se trata, aparentemente de un blog taurino, que deberían analizar ustedes a la luz de la cultura y de la ética, la barbarie que las corridas de toros suponen.

casajuntoalrio (Carlos) dijo...

Disculpa. Ahora que acabo de ojear tu incrible blog me doy cuenta de mi error (en la PD).
Mis respetos.
Creo que este blog es una fuente de inspiración. Lo guardo para visitarlo .
1saludo