27 de enero de 2008

EL GUETO


Hará dos años más o menos que llevo sin ver a un niño jugar a los toros en la calle. La última vez fue con mi compadre Paul. Habíamos bajado, disfrutando del sol primaveral, casi veraniego, a dar una vuelta a la calle. Nuestros pasos nos llevaron cerca del campus universitario. Allí se extienden, entre los edificios de las facultades, grandes campos de hierba donde los estudiantes se solazan tumbados, conversando, drogandose o jugando a cualquier deporte. En uno de los bancos que rodean esos prados artificiales tomamos asiento. Las frases y los temas iban y venían. A nuestro alrededor pijos de los de siempre jugando a futbol americano (degeneración total); hippie-punkis-antiglobalización con sus perros, sus rastas, sus porros; jichos de barrio con sus oros y sus peinados de llamativos colores como sus chandales; algunos guiris anodinos como su blanca piel tornandose roja parloteando en su lengua; anodinos españolitos hablando de futbol y sexo, de sexo y futbol, comiendo pipas... Allí en medio, en un banco, conversabamos Paul y yo pensando que nosotros eramos los únicos que tenían una conversación interesante. Una conversación desesperanzada.
Entonces aparecieron ellos dos, dos niños. Parecía que eran niños de siempre y siempre serían niños. Se dirigieron al campo de hierba que está en frente, al otro lado de una carreterita, y estaba vacio. Allí uno extendió su trapito rojo, al otro le tocó hacer de toro. El juego comenzó. Paul y yo embelesados, en medio de todo lo demás, no parabamos de mirarlos, sonrisa en la boca... Cuántos recuerdos y cuanta pena... Sin necesidad de hablar, en medio del presente real, nos dimos cuenta de que eso era un hecho especial, nada habitual, no como cuando él y yo eramos niños. En ese momento nos dimos cuenta de que los toros y su gente están en el gueto.

gueto.

(Del it. ghetto).


1. m. Judería marginada dentro de una ciudad.


2. m. Barrio o suburbio en que viven personas marginadas por el resto de la sociedad.


3. m. Situación o condición marginal en que vive un pueblo, una clase social o un grupo de personas.


(Nos quedamos con la segunda y tercera acepción)



Han pasado dos años y esa sensación se va haciendo cada vez mayor. Hoy leyendo a Javier Cercas en El País Semanal toda mi desesperanza se ha abalanzado sobre mí, pero he salido más fuerte...
En el artículo en cuestión se nos habla de Montaigne y sus "Ensayos" y de Vasili Grossman y su "Vida y destino". Del primero extrae una frase que reza asi: "El temor, el deseo, la esperanza, nos proyectan hacia el futuro y nos arrebatan el sentimiento y la consideración de aquello que es, para que nos ocupemos de aquello que será, incluso cuando ya no estemos". Con lo que se crea la causa de nuestras desdichas: "nuestra incurable propensión a vivir en la esperanza del futuro, y no en la realidad del presente, que es la única realidad". "Nunca estamos en casa", concluye Montaigne. "Siempre estamos más allá".
Cercas lo relaciona, en un ejercicio de "filología recreativa", con una idea que brota del libro del ruso. Esta idea está expresada por Anna Semiónovna, "una vieja doctora judía que ha sido recluida por los nazis en el gueto de una ciudad ucraniana". Esta mujer, ante la certidumbre de que va a ser asesinada junto a sus compañeros, escribe una carta de despedida a su hijo; en ella anota algunas cosas que ha observado en el gueto. Alguna de estas anotaciones las relaciono con el gueto taurino... (Los entreparentesis son mios)
"...el gueto es el lugar más desdichado del mundo no porque en él no haya ninguna esperanza, sino porque "en ningún otro lugar del mundo hay más esperanza". En aquel agujero sin redención (algunos me llamaran exagerado, pero poca redención le queda ya a la fiesta por parte de la modernidad) circulan incansablemente, en efecto, todo tipo de rumores y noticias que prometen la salvación o que la esperanza interpreta como indicios seguros de su inmediata liberación (¿la salvación la traen los Mesías?¿los artistas?), y Anna Semiónovna observa con perplejidad que "cuanto más optimistas son las personas, más ruines y egoistas se vuelven" y que "cuanto menor es la esperanza de sobrevivir de un hombre, mejor, más bueno y generoso es éste".De ahí que para el personaje de Grossman la esperanza no sea sólo, como para Montaigne, la fuente de todas nuestras desdichas; también es la fuente de nuestra maldad (...) Por lo demás, tanto Montaigne como Grossman saben que no hay nada más dificil que luchar contra la esperanza, porque está inscrita en nuestra naturaleza o porque, como dice Grossman, no nace de la SENSATEZ (las mayusculas son mías), sino con el instinto.
Así que (continua) en eso consiste nuestra maldición: en que siempre hay demasiadas razones para la esperanza, porque no sabemos vivir sin esperanza. (...) ¿La esperanza es lo último que hay que perder? Ni hablar: a menos que uno quiera vivir en la cobardía pestilente y catastrófica de la tristeza, lo primero que hay que perder es la esperanza".

(Sólo nos queda tener la moral del alcoyano, así están las cosas. Confio en que Cercas y ustedes me perdonen el fusilamiento)

5 comentarios:

el papa negro dijo...

In memorian:

ANGEL GONZALEZ :EL DERROTADO

Atrás quedaron los escombros:
humeantes pedazos de tu casa,
veranos incendiados, sangre seca
sobre la que se ceba -último buitre- el viento.

Tú emprendes viaje hacia adelante,
hacia el tiempo bien llamado porvenir.
Porque ninguna tierra posees,
porque ninguna patria
es ni será jamás la tuya,
porque en ningún país
puede arraigar tu corazón deshabitado.

Anónimo dijo...

Desconozco la obra de Angel Gonzalez, pero el poema me recuerda al "Angelus novus"(1920) de Paul Klee y la reflexión que provocó en Walter Benjamin.

"Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso".

El dibujo no es de mi gusto, le dejo un link:

http://epc.buffalo.edu/authors/bernstein/shadowtime/images/klee_engel_higher-res.jpg

Un saludo, gracias por el poema.

Sol y Moscas

desperdicios dijo...

El fútbol no necesita de esperanza. El toreo sí, porque es casi un milagro. Así que sigamos con la melancolía.
Por cierto, solymoscas ¿de dónde es ud.?

Anónimo dijo...

LAGRIMÓN!!!
Pablo

Anónimo dijo...

Señor Desperdicios, sinceramente le digo que yo no la tengo y que no espero milagros...
Mi apoderao me aconseja que no responda a la segunda cuestión, que luego puede tener usted prejuicios (buenos o malos)... por ahora le haré caso, pero si le pica la curiosidad dese una vuelta por los archivos y encontrará la respuesta fácil...

Un saludo

Pablo, sobran palabras...

Sol y Moscas