7 de julio de 2007

LA VIRGEN, EL URO Y ESPLÁ


Estaba con mi hatillo saliendo para ver los Victorinos medirse a Esplá y López Chaves en Segovia, cuando se me apareció la Virgen. Ella tenía otros planes para mí. Dijo que yo tenía que ir a ver al uro del múseo de la Plaza de toros de Ronda. Me cogío de la mano y yo la seguí.
Volando fuimos hasta el aeropuerto de Jerez. Allí alquiló un coche y me llevó hasta el Átlantico, siempre condujo ella. Me hizo purificarme con el sol, la arena y el agua. Como un torero se lava la sangre antes de salir a saludar, yo me lavé de mis cargas.
Y así llegamos a Ronda por su serranía. La plaza estallaba en blanco por el sol y las moscas hacían acto de presencia. Entré como en una catedral con su vacio y su silencio. La recorrí imaginandomela en su esplendor, con los mejores oficiantes cumpliendo los cánones del rito.
Entonces me situé ante la cabeza del esqueleto del uro. Entre sus dos inmensos pitones. A unos centímetros escasos de su morro. Allí sentí respeto por el animal, el hombre y la fiesta.
Me fuí a los graderios de sombra y me quedé reposando ideas en silencio. La Virgen, que me había seguido por todo el recorrido haciendo fotos, se sentó a mi lado. Al oido empezó a susurrarme lo que había pasado en Segovia. Triunfo de los Victorinos y López Chaves importante. Aunque me doliera dijo que Esplá no estaba fino. Mucho detalle y poca sustancia. Supuse que a mi esos detalles se me hubieran quedado grabados, supuse que hizo la lidia como debe ser. El Maestro es una de mis debilidades...
Pero debe ser respetuoso con lo que a defendido durante años, la integridad de la Fiesta y el toro. Desde que sale por la puerta de chiqueros hasta que es arrastrado por las mulillas. Ahora, con todos eso toreros de papel couché se le necesita más que nunca. Un torero de habano.
La Virgen se levantó, me dijo que debiamos darnos prisa, que quería dormir en Jerez para ir al día siguiente de rebajas y no le apetecía conducir de noche.
Montamos en el coche. De camino, atardeciendo y cegados por la luz, ya pasados Arcos de la Frontera, el campo era un mar de girasoles.

1 comentario:

Sergio dijo...

Si el Uro levantara la cabeza...