9 de enero de 2012

TENDENCIA

Look para plaza aficionado tedioso temporada 2012

Leo en El País, sección Tendencias:

EL TEDIO, UNA OPCIÓN CULTURAL
(extractos)

"La industria, con la sorprendente aquiescencia del gran público, ha sacado del underground al tedio y lo ha convertido en tendencia de masas. Acaso, la más destacable, en términos de producción cultural de este pasado 2011."

"El primero en acuñar el término nuevo aburrido ha sido Peter Robinson, capo de la web Popjustice, en una pieza escrita para The Guardian el pasado octubre. Robinson desarrolla su teoría alrededor del aburrimiento como el nuevo negro, como un "síntoma cultural""

"Ya no hace falta ser un intelectual para gozar del aburrimiento."

"este nuevo tedio masivo parece contaminar cualquier forma de lo anteriormente conocido como entretenimiento."

"La serie The killing parece haber puesto de moda los jerséis de lana."

"¿Seremos capaces aquí de pillar la tendencia al vuelo y crear nuestros propios iconos del nuevo aburrido?"

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Como no me he cansado de repetir, el espectáculo taurino no está para nada atrasado, más bien todo lo contrario, lleva años de ventaja sobre cualquier forma de entretenimiento conocida en este país. Y me atrevería a decir, en todo el mundo. Porque, aunque el pobre redactor del periódico global en español no se haya enterado, los aficionados somos tendencia. Nos puedo calificar como la comunidad sometida al espectáculo más aburrido del mundo (la mayoría de las tardes). Conocemos ese tiempo "real" (y tan real) que intentan capturar Erice, Kiarostami y Angelopoulos en sus films. Esos polémicos planos de veinte minutos del cine iraní donde no pasa nada de nada menos el tiempo. Nos reímos de ello con sesiones de dos horas y media que se pueden prolongar semanas. El minimalismo post Cage, las instalaciones de Francisco López, las grabaciones de campo de Chris Watson son la banda sonora habitual del aficionado taurino, que puede disfrutar del zumbido de una mosca como única diversión, o puede caer en profundos pozos de instropección filosófica con el batir industrial de palmas (un hit en las plazas) o el ligero crujir de un habano acompañado del movimiento de un abanico al cerrarse y una conversación en koreano a la espalda (Schaeffer se derretiría de gusto). Eso sí, acompañados en la mayoría de ruedos por los ocasionales timbales y clarines, más esas bandas municipales, que en medio del sopor total, pueden aparentar provenir de uno de esos vinilos de Leyland Kirby en los que se esconde tras el alias The Caretaker para componer la banda sonora fantasmagórica del espectral bar de la película de Kubrick, El Resplandor. Por todo esto, al sentirme punta del cuchillo cultural, no filo y menos hoja, les vengo a decir que, por lo que parece, ha llegado la hora de divulgar por todos lados, más aún si cabe, nuestro supremo aburrimiento ante el tostón, coñazo y pestiño infumable que nos toca sufrir como aficionados taurinos. Y discutir, hasta llegar a las manos si viniese al caso, la preponderancia del aburrimiento en los tendidos sobre cualquier otro tipo de graderío conocido. Con esto conseguiríamos aumentar exponencialmente la presencia de público en las plazas de toda la península, y sobretodo de público que no aplauda, creando el típico cortocircuíto al empresariado taurino, ese sí, de otra época. Ah, y no olviden sus jerséys de lana.

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