

(Pa' que fingir)
(Lapsus de Morante)
(El Arrimón)
(Incomprendido)
(Exitoso)


(Pa' que fingir)
(Lapsus de Morante)
(El Arrimón)
(Incomprendido)
(Exitoso)

4º. -Nº 8, Curioso, cárdeno oscuro, 509, 12/04







"Capítulo aparte merece El Fundi. Verdaderamente meritoria su tarde de ayer, propia de un torero de pies a cabeza, de profesional como la copa de un pino, de un torerazo, en definitiva. Con el peor lote de la tarde, un lote con problemas, con castita, con dos toros más en alimaña aunque sin serlo del todo, sacó pundonor y profesionalidad para realizar dos faenas con exposición, dando la cara, sacando agua de donde no había.
Me gustó de verdad, y me gustó porque a diferencia de las figuras y habiendo visto todo el público los problemas que tenía su lote, no dudó en ponerse en el sitio, en hacer las cosas bien y en un gesto de casta y de vergüenza torera resolver y dar la cara ante un papel nada fácil. Tiró de los toros, arriesgó, no volvió la cara en bastantes puntos de ambas faenas sacó tandas de mérito aguantando miradas, parones y tarascadas de los encastaditos toros de Victorino. Después de mucho tiempo saqué el pañuelo. Se lo merecía". Eduardo Lorenzo.
"La figura de El Fundi desprende respeto. Su actitud y compromiso con el toreo son de una verdad que apabulla. A parte del paseíllo, que en Bilbao es completamente recto, ya nada más tuvo fácil en la tarde final de las Corridas Generales de 2008. El primero fue una alimaña con todas las de la ley que no dejó de andar, medir y radiografiar a El Fundi, que se puso, sacó lo imposible, recibió una paliza y una cornada, calló, se volvió a poner y se tiró a matar como un león.
Más todavía en el cuarto. Toro serio y humillador aunque de embestida corta y no fácil. En el mismo centro, sin vender, esperando la arrancada, la muleta presta. Emoción e inteligencia. Otro susto, pero el torero por encima de todo. La estocada, estoconazo fulminante. Premio de una oreja a la que Fundi se agarró bien fuerte para dar la vuelta al ruedo. Luego en silencio pasó a la enfermería, tanto que sólo nos percatamos de su ausencia cuando su cuadrilla abandonaba sin matador la plaza". Andrés Verdeguer
(El día antes me había estado riendo del Fandi con los Fuente Ymbro (¡qué mal torero eres!), ahora tocaban los Victorinos, toros de mi tierra. Me acompañaban Gas y el señor P. Gas tiene debilidad por Morante, pero me hace caso en cuestión de toros cuando le digo que hay que ir a ver al Fundi lidiar, dominar y matar un toro como Dios manda. Gas es vasco vasco. Puede disfrutar con las faenas de pellizco, pero si no hay toro toro y no se le mata bien, se desilusiona con facilidad. El señor P está emparentado con Manolo Vázquez y eso ha dejado un poso clásico en su gusto, por eso quería ir a ver al de Fuenlabrada, pero al mismo tiempo, como muchos bilbaínos, siente una debilidad especial por Enrique Ponce (¿alguien me lo puede explicar?). Lo dicho, a estos dos, camino de Vistalegre, les iba soltando un sermón de tal magnitud y con tal pasión sobre el toro integro, el toreo puro, la lídia, el hoyo de las agujas, el Fundi, el tercio de varas, etc, etc que cuando nos sentamos en nuestras localidades estaba yo acojonado que fuera a ser el mayor petardo del siglo. Pero se me apareció la Virgen y todo salió a pedir de boca.
Rodeados de riojanos, con Matías a un lado, el paisaje lunar que es el ruedo de la plaza abajo y los verdes montes asomando por encima, siempre. Gas con las brochas, el paseíllo, cambio de seda por percal, y salida del primero. Alimaña. El segundo también. Gracias por el picante, Señor Victorino Martín, no lo quite de sus recetas. Así uno puede ver el carácter de un torero. Gas lo vio deprisa después de la semanita que había pasado con diferentes Domecq. El toro buscaba tobillos, muslos, pecho o yugular indistintamente. Y algo se cobró. Entonces es cuando ese HOMBRE llamado José Pedro Prados, con un puntazo en la pierna, se levantó del suelo, cogió el trapillo rojo que utiliza como muleta y se dirigió directo a la alimaña dispuesto a dominarla. Yo no tomo notas y no he vuelto a ver la faena en cuestión. Mi recuerdo, un tanto borroso después de tanto tiempo, es una tanda con la mano derecha (ni de esto estoy seguro) cerca de las tablas. Emoción pura. Un tipo de belleza. Yo que sé, pero esas difusas imágenes de esa difusa tanda se quedaron grabadas en mi mente con mayor fuerza que ningún otro muletazo de los que ví a lo largo de la feria. Luego pinchó y recibió una merecida ovación. Ferrera ante otra alimaña, falto de decisión y aliviándose, dejo patente la valía del Fundi ante este tipo de astados. Luego Urdiales. Le salió un toro de bandera. Estuvo bien, pero el toro mejor. Los riojanos, locos sacando pañuelos. Pidiendo la segunda. Aquí uno, más Gas y el señor P, diciendo que nones. Cuando el señor Matías no la concedió nuestros aplausos al palco resonaron entre insultos. Y así llegamos al cuarto. El último toro de la corrida. Luego vimos las payasadas de Ferrera y la indecisión de Urdiales, pero en el cuarto pudimos ver al mejor Fundi en mucho tiempo. Yo, esa tarde, le ví hecho un señor Torero. De esta faena no voy a hablar porque ustedes la tienen colgada en video más arriba y pueden sacar sus propias conclusiones, también callo porque yo también lo he visto y mis fugaces recuerdos han sido un tanto transformados. Pero si voy a hablar de la estocada... Parte importante de mi sermón a Gas y al señor P giraba entorno a Rafael Ortega y la suerte suprema. El Fundi como heredero directo de este, su ángulo inmortal, y sus estoconazos. Por ello, una de las finalidades de la tarde, era, si Dios quería, ver alguno de esos momentos que nos ha ofrecido el Fundi durante este año (Sevilla, Madrid, Pamplona, Illescas)... Y vaya si nos lo dio. ¡Cómo mató al toro! estoconazo de la feria pa' quedarse grabao en la memoria. Cómo grité yo "¡TORERO, TORERO!". Los tendidos se cubrieron de un blanco que esta vez me pareció puro. Gas, P y yo nos mirábamos ¿hubo algún abrazo? No se, no creo, ni sacamos pañuelos. Aplaudir sí, hasta partirme las manos cuando paso por delante con su oreja de ley (ojalá todas las orejas fueran así). Después de eso sólo hubo brochas, palabras, recuerdos, sensaciones... un paseo a casa y la seguridad de volver a Bilbao a ver corridas encastadas (gracias otra vez, señor Victorino, pero todos sabemos que usted lo puede hacer todavía mejor) con mi familia vasca).
¡Qué bueno es usted, su Santidad!
(y por supuesto, mejorando este blog a través de sus comentarios)


El Legionario apareció con un coche de padre de familia. Perfecto. Él iba conduciendo, y en la parte de atrás venía su hermano. Cano es como John Daly en extremeño, misma figura, mismo swing. Viéndolo fumarse un puro parece el presidente de algo importante. Me hizo ilusión que viniese para ver que opinaba tras el festejo, porque Cano es de esos aficionados prácticos que pasa de ir a corridas o verlas por la tele, él prefiere torear de salón o enfrentarse con alguna becerra cara a cara.
Otra vez en camino. Paisaje de dehesa, del Far West ibérico. Iba yo pensando en las corridas de toros y sonaba la voz grave de Johnny Cash. Una versión de los Beatles. Todo me parecía unido.
"In my life"





En Valverde llovía fuego. Nos refugiamos para hacer tiempo bajo una carpa climatizada donde se había reunido el pueblo para disfrutar de las delicias de la tierra y el cante de fandangos y sevillanas. A la hora señalada caminamos hasta la plaza y compramos las entradas: SOL. También compramos agua para no morir allí. Nos sentamos. Culo a la plancha. El blanco encalado de los tendidos estallaba contra mi retina. No soplaba todavía esa minúscula brisilla procedente de la sierra que luego nos aliviaría y haría decir a los de sombra que "había hecho una tarde agradable". Menos mal que habíamos ido a ver TOROS, sin ninguna expectativa de ver toreros, porque eso fue exactamente lo que ocurrió. Ni un pase rematado abajo ni nada. Sólo alguna buena estocada. Hasta un picador quiso practicar la suerte de matar y se sacó al pobre toro hasta los medios de la plaza para asesinarlo... Pero todo mereció la pena por ver tan cerca a los Adolfos con sus capas cárdenas. Me parecieron muy bien presentados para una plaza de tercera (¿dignos de Málaga? me hubiera gustado preguntarle a los Malaka). Cuando el sexto murió a un par de metros de mi, quedó allí tirado sobre la arena esperando a las mulillas. Ese cuerpo vivo que había ido dos veces al caballo, que no había parado de embestir con nobleza, que se había tragado la muerte con la boca cerrada, yacía con las patas rígidas y un ojo en blanco. Parecía un animal de épocas prehistóricas. ¿Cómo sigues sobre esta tierra? le pregunté. Me contestó el público dedicándole una ovación puesto en pie...









José Escolar Gil: “No busco lo bello, busco la verdad, si lo bello viene que venga”
Rendición. Ese es el termino que mejor expresa lo vivido el domingo 17 de agosto en la Plaza de Toros de Cenicientos. La causa, un toro de nombre "Chumbero", manso muy encastado, de mucho poder. Ante este toro, un auténtico "tío", Sergio Aguilar y toda su cuadrilla junto con el director de lidia protagonizaron una rendición en toda la linea. Toro poderoso, uno de los mas fuertes que he visto en mi vida de aficionado, pero toro que tenía su lidia y que bajo ningun concepto justificaba la masacre y el descontrol al que fue sometido. Capotes por el aire, subalternos por el suelo....es decir una incapacidad total de dominar a la fiera con torería y profesionalidad.
Durante la lidia de este toro-por llamarla de algun modo- cerca estuvo de alterarse seriamente el orden publico en Cenicientos. Botes, piedras y otros objetos cayeron al ruedo mientras el picador de turno "asesinaba" literalmente a "Chumbero" ante la pasividad y la complacencia de su matador y tras hacer caso omiso de la orden presidencial de cambiar el tercio.
Del resto de la corrida señalar su desigual presentación, dentro de la seriedad general que siempre impone este hierro. Me gusto especialmente el cuarto toro, de nombre "Cedido" un toro bravo, noble y encastado ante el que naufrago "Rafaelillo" en una de las tardes mas desafortunadas que he visto a este torero.
Peor condicion tuvieron los demas toros. Gazapones, tobilleros, algunos faltos de fuerza pero todos excesivamente castigados en el caballo, incluso masacrados directamente. Había quién comparaba la corrida con aquellas "victorinadas" de las decadas de los 70 y 80.En definitiva mal los toreros, salvo Robleño que pecho con el lote peor.







