29 de marzo de 2010

LOCO


A Bill Traylor, nacido en una plantación de Alabama hacia 1854, le llamaban loco por pintar esto y decir que eran toros bravos. Los connoisseur, ignorantes, lo consideraron un genio del Art Brut... Dios sabe que si hoy día pasaran por un ruedo no pensarían igual, le calificarían de hiperrealista...







(Este hombre veía el futuro, aparte de Domecq pintó hasta un minino de Santa Coloma...)

25 de marzo de 2010

MANIFIESTO DE LA CUADRILLA ARTÍSTICA

Los miembros de la Cuadrilla... y falta alguno... forman una escuela artística, se ven con regularidad, están de acuerdo en ciertos principios estéticos y morales y los pregonan al mundo...

MANIFIESTO

"Hemos arrebatado por fin la divinidad del arte y la tauromaquia de la cárcel del arte oficial (sagrados cánones del toreo, asociaciones de aficionados, críticos taurinos) y ahora está con nosotros, en nuestro círculo. No dependemos ya de mecenazgos ni de otros extraños intereses extraños a nuestra divina eminencia. De ahora en adelante, quien quiera bañarse en el divino esplendor del arte habrá de venir a nosotros, al seno de nuestro recinto, y aceptar las formas que hemos creado. Ninguna alteración, ningún encargo especial, ninguna palabra más alta que otra se permitirá al cliente. Somos nosotros los que decidimos. Somos los dueños absolutos de la auténtica visión del futuro de la tauromaquia."

CASTAS









"Se trata de dos únicas castas de aficionados: "el aficionado a los toros" y "el aficionado a los toreros" (...) quedan deslindados los campos (...)"
F. Bleu

Se podría señalar que hay término medio. Que entre el blanco y el negro hay miles de cárdenos encastados embistiendo por las dehesas con el morrillo por el suelo. Pero este no es el caso. Las figuras ni se acercan al mínimo común denominador de Santa Coloma que sale hoy por chiqueros. La afición a los toreros, y aquí es a donde vamos a parar, ha ido a deparar en esto del Juli. Si Belmonte levantara la cabeza y viera como se ensucia su nombre para dar pábulo a esta sarta de mentiras...



22 de marzo de 2010

LA COCHINA REALIDAD



(Si quieren enterarse de como está la cochina realidad pásense habitualmente por: Hasta el rabo todo es Toro...)

16 de marzo de 2010

CEMENTERIOS






(Tauromaquia y Hombre)

(por El Roto)

METÁFORA

(Las dos grandes pasiones frente a frente: la torista y la torerista)


13 de marzo de 2010

REDRUM





Estos Adolfos de segunda le dan más miedo a las figuras que al hijo de Jack las gemelas Grady en El Resplandor.

En los toriles ven escrito "REDRUM"...

12 de marzo de 2010

UNA CRÓNICA



“El segundo, también negro y cornidelantero, con menos carne que una Semana Santa. Infante se lía a capotear como si estuviese en Villazopeque. Toma seis varas por cuatro tumbos y un cadáver. Chiquito de Madrid colocó al cuarteo un par caído, del que se cayó un palo. El compañero, que debe ser García Carrillo, tiró los palos donde quisieron caer, y cerró el Chiquito con otro sin nada digno de anotarse. Hipólito Zúmel, sin confianza y con picardía de torero viejo, torea sólo con el pico de la muleta y consigue que el portugués se vaya con sus cuatro “pes de touro” buscando las tablas. Entra desconfiado a pinchar dátiles con un pinchazo tirado. Otro más hondo y delantero, otro idem id.; otro sin querer llegar. Un intento de descabello, y un aviso, después del cual quiso hacer algo más, y dio media buena. Descabelló a la tercera y hubo pitos.”

Extracto crónica de una novillada. Segundo toro. Va sin firma.

ABC del día 14 de marzo de 1910.

Vía Salmonetes...

Para tomar nota: gacetilleros, juntaletras y demás...

LOTES


(Adolfos de Valencia y orejas de José Tomás)

Desde la Reserva, cada día más pequeña, viendo a los adolfos, pienso en el Mundo Feliz y sus orejas. Aquí está el lote, en Valencia, de primera, para Castellón, de segunda, José Tomás y las figuras. Pudiera ser que se acabase la felicidad...

11 de marzo de 2010

DOS ESPECTÁCULOS



(Seguimos con las dualidades, fotos vía Campos y Ruedos)

DOS CRUCES, DOS RELIGIONES




NI TANTO NI TAN...


Dos toros después del tercio de varas

¿Dónde quedó el término medio?

10 de marzo de 2010

DEMOLICIÓN










"Ir por el campo, hoy, es como pasar por un viejo barrio en demolición"

9 de marzo de 2010

LOS DETRACTORES

(detractores: ahora más que nunca)


"Desde su punto de vista, todos estos que me han llamado detractor, tienen razón. Resulta que en el año 1945, cuando mayor era la euforia de los públicos de toros; cuando se proclamaba a voz en grito: “hoy se torea mejor que nunca” y todo el mundo lo oía y se callaba, yo publiqué en “El Español” unos artículos, convertidos luego en conferencia y, más tarde, en libro. Allí pretendí demostrar –permitidme que crea que lo demostré– que aquel toreo no era toreo, que aquel toro no era toro, y que aquel público no entendía una palabra, y se entusiasmaba con aquel toro que no era toro y con aquel toreo que no era toreo.


'Naturalmente, me llamaron detractor. Y, en efecto, yo era detractor de todo aquello que estaba matando a la fiesta. Pero es que ellos me llamaban –y siguen llamándome– detractor de la fiesta misma, y esto es falso. Y ellos saben que es falso. Yo lo que quiero es que la fiesta viva; pero, para que viva, ha de estar sana; y lo que yo hago es avisar, poner de manifiesto sus enfermedades para que las cure quien sepa y pueda. Porque, si no se hace así, la fiesta se muere; pero no ciertamente por culpa mía, sino por la de los verdaderos detractores, que son –y ahí va otra paradoja– los que se rasgan las vestiduras, los que se llaman a sí mismos defensores de la fiesta, y solo son defensores de lo que va a acabar con ella, de lo que la está matando, que es, precisamente, de lo que ellos viven."


Adolfo Bollaín "Los detractores"

5 de marzo de 2010

COMUNICADO


Comunicado de Andrés Rábago: Ante la confusión creada por mi viñeta del día 5 de febrero quiero aclarar por medio de este blog amigo que: 1º, la viñeta trata sobre la "vergonzosa" feria de Vistalegre donde no salió ni un sólo TORO y se escucharon los cuentos más absurdos para justificarla. 2º, no estoy de acuerdo con las gruesas reflexiones del padre de mi admirado Enric ni las del humorista Ramón. 3º, la verdad es que era un homenaje a Tony el del Chofre...


25 de febrero de 2010

RECORDATORIO




Siempre presente, la Muerte, a través de Paperblog, esa cosa de abajo al fondo, un recordatorio...

24 de febrero de 2010

HERIDA


"Aquello fracasó, como fracasa todo lo que puede herir. El éxito sólo llega a aquello que no hace daño a nadie, a aquello que sigue la corriente"
Agustín García Calvo


CODA:

"Hay una salpicadura de sangre en el origen de todo lo que es humano"

19 de febrero de 2010

¿EL FIN DE ALGO?

Desaparece Hernández Pla


(malos augurios para los sonidos negros y la casta brava)

15 de febrero de 2010

DOS PASES



Rafaelillo con un Palha en Madrid y Morante con un Tajo en Bilbao

MODOS DE VER


El "muy comprometido" John Berger reflexiona ante un plato de lentejas

""¿Que si me gustan los toros? No tengo nada en contra, desde luego", dice después de pensárselo más de un minuto. "Detrás de cada tradición hay un enorme sistema de valores y creencias que no se pueden borrar teniendo en cuenta uno solo de sus aspectos. En ese sentido las protestas civiles contra ellas suelen ser superficiales. El sufrimiento de los animales es algo a tener en cuenta, pero sólo se refiere a un pequeño aspecto.
La vida es cruel".




El toro del Guernica puede simbolizar el fascismo triunfante (Clark), España (Larrea), la fuerza bruta (Read), la protección de los débiles (Arnheim), al propio Picasso (Nieto), o la energía sexual y primaria (Chipp). No escapa de la ambigüedad el propio pintor quien en una entrevista dijo que el toro no simbolizaba el fascismo, pero en otra afirmó que simbolizaba la fuerza bruta y ciega.

Modos de ver

12 de febrero de 2010

ATAQUE MASIVO



(Massive Attack - Splitting the atom)

Ataque masivo a la modernidad, Massive Attack se ponen toreros...

¿Se rasgarán los modernos sus vestiduras?
¿Reventarán sus gafas de pasta?
¿Lo pondrán en la Mtv?
¿Y en Sputnik?

11 de febrero de 2010

UNA APOLOGÍA




APOLOGÍA DE LAS CORRIDAS DE TOROS



Un discreto artículo, escrito por estilo elegante, que El Reino publicó el día 10, condenando las corridas de toros y procurando rebatir cuanto en defensa de ellas hemos dicho, nos obliga a tomar de nuevo la pluma para defenderlas y defendernos. Pero téngase en cuenta antes de todo que nosotros no queremos demostrar que las corridas de toros sean útiles y buenas; nosotros no las hemos querido convertir en una especie de enseñanza para el pueblo, ni hemos querido hacer de ellas una institución política y religiosa de trascendencia grandísima, como lo eran los juegos olímpicos, ítsmicos y píticos, a que el articulista de El Reino las compara. Nosotros nos hemos limitado a sostener que las corridas de toros son una diversión popular, ni más ni menos profana, ni más ni menos contraria a las buenas costumbres, que la comedia, el baile, los títeres, el circo ecuestre, las riñas de gallos y otras funciones por el mismo orden. Sin duda que sería muchísimo mejor que la gente fuese menos aficionada a divertirse y que se quedase en casa, estudiando, rezando o cumpliendo con sus obligaciones; pero, puesto que somos frágiles y gustamos de divertirnos, no nos parece que los toros sean una diversión más censurable que otra cualquiera. De este modo, y con estas limitaciones hemos defendido los toros, y basta indicarlo así para que vengan a tierra los más de los argumentos que nuestro colega nos hace.

¿Cómo hemos de creer nosotros que las diversiones públicas tengan por objeto, según dice nuestro colega, «levantar el espíritu de los hombres, perfeccionar sus sentimientos y sus ideas, engrandecer su alma y ensanchar el horizonte de sus miras por las regiones de lo infinito y de lo absoluto»? Bueno y rebueno sería que tuviesen las diversiones tan noble y santo propósito: pero ni le tienen ahora, ni jamás le han tenido. ¿Qué ensanche de miras, qué dilatación de horizontes, qué visión de lo infinito ni de lo absoluto ha de tener nadie después de ver a un saltarín hacer cabriolas, a la Nena bailar el Jaleo, o a un titiritero brincar en la maroma? ¿Qué ideas ni qué sentimientos se le perfeccionarán a nadie después de haber oído una zarzuela de Camprodón o un vaudeville malo y peor traducido? Nadie tampoco, cuando sale de su casa y va al teatro u a otro espectáculo cualquiera, se propone perfeccionarse y adelantar en su educación moral e intelectual: lo que se propone es distraerse un rato, si puede. A nadie se le ocurre decir: «Me voy al teatro a ver si me perfecciono y me corrijo y me abro nuevos horizontes y topo allí con lo infinito y lo absoluto.» Para hacerse sabio se va a la universidad a oír a los maestros y catedráticos, y para hacerse bueno se va a la iglesia a oír misa y sermones, y para hacerse místico y descubrir esos horizontes divinos, lo que conviene es la oración mental, el recogimiento, la penitencia y la conversación interior, y no irse a holgar por esos teatros, de fiesta en fiesta, y de bureo en bureo.

«Nosotros, añade el articulista, preguntaríamos a los que se retiran al hogar doméstico después de haber presenciado una de esas luchas entre los hombres y las fieras: ¿Qué nueva idea lleváis hoy a vuestra casa, a consecuencia de la función a que habéis asistido? ¿Qué perfeccionamiento sentís en vuestro ser?» La pregunta que hace el articulista de El Reino se parece a la que hace el caballero de la Tenaza a una dama que le pedía un balcón para ir a los toros. «¿Qué piensas que se saca de una fiesta de éstas?» Y el mismo caballero responde diciendo: «Cansancio y modorra y falta de dinero al que paga los balcones. Dala al diablo que es fiesta de gentiles, y todo es ver morir hombres que son como bestias, y bestias que son como maridos.» Pero nosotros que no estamos amenazados de pagar el balcón a ninguna dama, ni tenemos ese ensañamiento interesado contra las corridas de toros, no podemos decir que son gentílicas, ni que siempre se ven en ellas morir hombres, cuando en todo lo que va de siglo, habrán muerto cuatro o cinco en la plaza. Confesaremos, sin embargo, que no sentimos perfeccionamiento ninguno, ni traemos casi nunca nuevas ideas cuando volvemos de los toros; pero lo mismo nos sucede cuando volvemos de la comedia, del baile, de la tertulia, de los títeres y de otras muchas partes. Gracias si, al volver de la iglesia, o de la Biblioteca nacional, o de una cátedra, nos sentimos algo mejores o un poco más instruidos que cuando entramos en ellas.

Desengáñese nuestro poético adversario; si fuésemos a renegar, como nos aconseja, de toda festividad donde no recibiese el alma «mayor impulso hacia lo bueno y mayores y más vivas aspiraciones hacia un mundo superior, manantial de toda vida, foco de toda luz, centro de toda grandeza y origen de todo lo creado,» iríamos a pocas partes, salvo al jubileo y al sermón, y a oír lecciones de sana filosofía, donde haya quien sepa darlas.

Los juegos olímpicos, que cita nuestro colega, no comprendemos que pudieran producir en nosotros esos divinos efectos. ¿Qué mayor impulso hacia el bien, qué mayores aspiraciones místicas nos había de infundir la contemplación de la lucha, del pancracio o del pugilato, y los atletas combatiéndose desnudos y dándose furibundas puñadas, hasta verter sangre por las narices y la boca, y hasta cubrirse de cardenales y de contusiones horribles, y hasta caer y revolcarse en la arena, todos magullados y molidos? Lea el articulista cómo pinta Homero los juegos epitafios que dio Aquiles en Honor de Patroclo, y, aún prescindiendo de los sacrificios humanos, verá si son bárbaros. Para colmo de elevación del alma a Dios, solía también hacer algún filósofo cínico tal cual indecencia, o extravagancia mayúscula, en los mencionados juegos, que el articulista de El Reino nos presenta como un dechado. Recuérdese, en prueba de lo que decimos, el espectáculo que dio en ellos Peregrino, el famoso, cuando se vistió, o mejor dicho, se desnudó de Hércules e imitó a Hércules, quemándose en una hoguera como lo describe Luciano.

Pues no crea tampoco el articulista de El Reino que los famosísimos conciertos de Alemania, al aire libre, en los jardines públicos, tienen siempre ese carácter de sublimidad y de moralidad que les atribuye. En dichos conciertos suele tenerse muy presente aquella sentencia en verso de Lutero, que dice


Wer liebt nicht Weib, Wein und Gesang,

der bleibt ein Narr sein Lebenlang:


que es como si dijéramos:


Quien no ama el canto, la mujer y el vino,

es durante su vida un gran pollino.


Es verdad que a estos conciertos asisten honrados burgueses, que se atiborran de tortas y de cerveza, y que fuman en pipa, mientras oyen la música, y excelentes matronas que hacen calceta, prestando siempre alguna atención al arte; pero allí acuden también las costurerillas alegres y los estudiantes regocijados; y se come, y se bebe, y se retoza, y se suele, pensar en todo menos en lo infinito y en lo absoluto, y se ven muchas cosas que nada tienen que ver con los horizontes ideales. Lléguese el articulista de El Reino a una joven pareja que salga de estos conciertos, y pregúntele: «¿Qué perfeccionamiento sentís en vuestro ser?». La pareja es probable que le conteste a dúo con aquellos versos de Heine:


Ich habe gerochen alle Gerüche

in dieser holden Erdenküche;


esto es, aunque mal y libremente traducido:


He olfateado toda golosina

del mundo en la dulcísima cocina, etc.


El mundo sería para esta pareja una cocina y no un templo.

Añádase a esto el juego desenfrenado, que suele combinarse en Baden y en otros puntos con los referidos conciertos, y comprenderá nuestro entendido impugnador que no es todo oro lo que reluce, y que es rara, muy rara, la diversión pública que un moralista severo no pueda y deba condenar.

Achaques son de la decaída y pecadora naturaleza humana, y lo mismo se advierten sus deplorables síntomas en las corridas de toros que en cualquiera otra diversión, incluso la del teatro, a pesar de la manía que ha entrado a varias personas de sostener que el teatro es una escuela de costumbres. Todo lo contrario han pensado muchos Santos Padres y muchos eminentes teólogos, y más veces se han prohibido las comedias y más se ha clamado contra ellas que contra los toros, aunque en balde siempre.

En España, donde ha sido el teatro tan grande, tan rico, y en cierto modo tan católico, ha sido anatematizado y prohibido en diversas ocasiones. El P. Mariana le censuró duramente, y en tiempo de Felipe II se prohibieron las comedias, pues, según el dictamen de doctos teólogos, «las que hasta allí se habían representado, y solían representarse, con los dichos y acciones, y meneos y bailes, y cantares lascivos y deshonestos, eran ilícitas, y era pecado mortal representarlas.» En tiempo de Felipe IV, con ser este rey autor de comedias, también estuvieron las comedias prohibidas durante algún tiempo, y sólo se permitieron las que trataban de historias y vidas de santos. En el dicho reinado de Felipe IV, hubo muchos prelados, como por ejemplo el arzobispo de Sevilla, que condenaban las comedias, diciendo que con las tales representaciones andaba la gente vestida de lujuria. En tiempo de Carlos II también estuvieron las comedias más toleradas que consentidas, sujetas a censura muy severa, y en algunas ocasiones prohibidas completamente. En el siglo pasado, reinando ya la familia de Borbón, siguió la misma persecución de los teólogos contra las comedias; pero el Consejo de Castilla consintió su representación, si bien con bastantes restricciones.

De lo dicho deducirá el articulista de El Reino, que si los prelados y otros varones doctos y piadosos han censurado a veces las corridas de toros, no lo han hecho jamás con tanta perseverancia como con las comedias; y que, si esta fuera razón para que las corridas se prohibiesen, más lo sería para que se prohibiesen las comedias, y aún para que se convirtiese el mundo en una Tebaida.

El Reino nos censura, sin razón, por haber citado una bula del Papa, consintiendo las corridas de toros. ¿Pues cómo no la habíamos de citar, cuando se nos venían encima los místicos al uso, asegurando que la Iglesia condenaba las corridas? ¿Acaso ignora El Reino que cierta gente farisaica ha dado en la flor de acusarnos de herejes y de impíos a cada momento, de suerte que apenas podemos ya desplegar los labios sin citar alguna autoridad, y apenas podemos decir sobre algo esta boca es mía, sin exhibir bula o buleto que nos lo haga lícito?

«La religión no protege, dice El Reino, ni ha protegido nunca las corridas de toros.» Estamos de acuerdo. ¿Cuándo hemos dicho nosotros lo contrario? Tampoco la religión ha protegido las comedias, ni los títeres, ni los bailes, y no por eso deja de tolerarlos como un mal inevitable.

Dice El Reino que Carlos III prohibió las corridas de toros, y que Isabel la Católica habló mal de ellas. Más veces se ha prohibido el teatro, y más veces se ha hablado mal de él, y con todo no concluye.

El Reino dice asimismo que las corridas de toros son un espectáculo en que puede morir un hombre, un hermano nuestro. A estas razones hemos contestado ya, que también se matan los acróbatas y los saltarines, y que hay otras mil industrias y profesiones en que se aventura tanto o más la vida que en la del torero. El buzo que busca en el fondo del mar la perla que ha de coronar las sienes o ha de adornar la descubierta garganta de la hermosura; el albañil, que se encarama en lo alto de un andamio para terminar un edificio; el minero, que penetra en los lóbregos senos de la tierra en busca del oro, con que todo se compra, o del plomo mortífero, cuyos vapores penetran en sus entrañas y le dan la muerte; el domador de fieras; el desbravador de caballos; el postillón de diligencias; en suma, mil y mil oficios, que no citamos por no pecar de prolijidad, oficios a que el hombre se somete, no sólo para satisfacer una necesidad social, sino para complacer a veces la vanidad, el lujo o el capricho de otro hombre, son más ocasionados a dar la muerte que el oficio de torero. Que se supriman, pues, todos esos oficios por anti-filantrópicos e inmorales. Pero discurriendo tan filantrópicamente, vendríamos a parar en suprimir la vida, porque la vida trae consigo la muerte. Viviendo y obrando la vida se gasta, se consume, y al cabo nos morimos el día menos pensado, unos antes, otros después, unos de cornada de toro, y otros de cornada de burro. Más desgracias hay en Madrid de resultas de los atropellos de los coches que en toda España de resultas de las corridas de toros. ¿Y por esto hemos de suprimir los coches y obligar a todo el mundo a que ande a pie? Convénzase El Reino de que es exagerada por demás tanta filantropía.

Tiene razón El Reino al afirmar y lamentar que en las corridas de toros se dicen muchas palabras indecentes y groseras; se pronuncia demasiado la J; pero ¿dónde no sucede lo propio en esta tierra de garbanzos? El hombre o la mujer de oídos delicados y púdicos no conseguiría dejar de oír tales cosazas no yendo a los toros; sería menester que no saliese por esas calles, plazas y plazuelas, o que, cuando saliese, se tabicase bien con cera los oídos, imitando al prudente Ulises. ¡Pues no es nada, cuando uno va de viaje, sobre todo si tiene asiento de berlina, y puede escuchar la amena e interesante conversación que el mayoral y los zagales traen de continuo con las mulas! Aquello sí que es jurar y maldecir, y lo demás es nada.

En resolución, en este mar del mundo en que nos hallamos engolfados, hay muchos escollos y bajíos, donde se expone a naufragar toda virtud; hay muchos peligros que la honestidad y la decencia tienen que arrostrar y combatir; hay un enjambre de cosas malas, y un hormiguero de circunstancias pecaminosas que rodean al más cauto, al más precavido, al que más propende a huir de ellas. Entre todas estas cosas pueden indudablemente contarse las corridas de toros; no lo hemos negado nunca. Pero de esto a combatir las corridas de toros con singular furia, como si fuesen el extremo de lo malo, hay una distancia enorme, que marcaremos siempre y haremos sentir, a pesar de los sutiles y elevados discursos del articulista de El Reino.


(Para leer y reflexionar)


2 de febrero de 2010

ESCASOS DE FUERZAS


(Este año también está Victorino)

Y mi tarea:
Recopilación de expresiones de aficionados de la Asociación El Toro de Madrid sobre los astados que saltaron al ruedo de Las Ventas el año 2009, para las delicias de lingüistas, presentes o venideros, y psicólogos de toda índole:


"Escaso de fuerzas y de presentación muy justita; toros de bonita estampa, pero basura floja, mansa y descastada; falta de casta, de fuerza y de todo; toros feos y sin fuerza; carne de matadero; inválidos; vacíos por dentro; noble (o bobo) como un corderillo de cuatro días; flojos y descastados; ganaderia podrida; toros inválidos, descastados y muy mansos; ejemplares de comportamiento manso y borreguil; algunos impresentables; falta de casta; inválida hasta más no poder; muy desigual presentación y pobre juego; algún ejemplar impresentable; falta de casta y con las fuerzas justas; descastados e inválidos; saldo ganadero; feos y otros calificativos que nos ahorramos; mal presentados, pobres de cara, con poca fuerza y escasos de casta"


A fuerza de repetirnos, estamos perdiendo fuerzas...
(comparen con la del 2009)

Radiografía del toro de Madrid contemporaneo
(toro por fuera, tortuga por dentro)